| Gianni Celati (Sondrio, Italia,
1937)
Gianni Celati es un pensador nómada. Dedicarle un espacio en la
historia de la literatura italiana significaría aprisionarlo en
la forma expresiva de la palabra: una condena a la inmovilidad, si se
sigue el imaginario que reduce la escritura a un espacio inmóvil.
Romper con este espacio permite pensar en la literatura como un evento
móvil, un ser viviente que se alimenta de la perspectiva de una
mirada más que de una pluma estática.
La obra de Gianni Celati obliga al movimiento. Sus personajes viven y
crecen dentro de la maraña de la narración: sus novelas
son historias de vagabundeo, son aventuras surrealistas y grotescas protagonizadas
por personajes femeninos y masculinos que viven una realidad multiforme.
Celati cartografía la realidad constantemente. Vagabundea en la
realidad sin ninguna lógica de viaje, recoge historias, sonríe
ante los imprevistos y toma nota de las consecuencias.
La memoria de Gianni Celati, la impresa en sus libros, se distribuyen
entre el ambiente urbano, lugar de inauténticos y extranjeros,
y el rural, espacio del indistinto, último lugar, quizá,
para la aventura.
En el diario de un viaje realizado con unos amigos fotógrafos en
las llanuras padanas, Celati toma nota de todas las sensaciones acumuladas
en el camino: “Y la impresión de que en todos estos caminos,
los números de las casas y la nominación municipal de las
calles han tenido que llegar como ideas incomprensibles, en un lugar que
se retiene en la mente de otro modo: con la imaginación del cuerpo
que se mueve en un espacio de afecto” (Verso la foce, Feltrinelli,
1989).
Una narración nómada permite estar al lado de los protagonistas.
A menudo nos descubrimos como artistas del “filosofar”: luces,
colores, olores y la vista participan, a través de las palabras
de Celati, del placer de la interpretación real: “El mundo
exterior necesita de nuestra observación, que lo contamos para
que pueda existir. Cuando un ser humano muere se lleva consigo todas las
apariciones que le han acompañado desde la infancia y deja a los
otros la tarea de indagar en ese vacío en el que todo desaparece”.
Cuando Celati parece hablar de apariencias, éstas viven de la realidad,
son exterioridades inefables, pero vivas.
En Celati el paisaje se descompone en diferentes niveles: el lector tiene
la libertad de reconstruir el ambiente de la narración utilizando
la propia memoria. Paisaje interior y real se funden con los deseos y
las emociones instantáneas.
La introducción de su última obra Cinema naturale
habla por sí sola: “Estas son historias escritas a lo largo
de veinte años, reescritas después durante mucho tiempo
para estar ocupado y ver qué sucedía. Y es que escribiendo
se ven paisajes, se ven figuras, se sienten voces: es un cine natural
de la mente, con el que no es necesario ir a ver las películas
de Hollywood”.
Su gran capacidad de reflexionar con ironía sobre la dureza de
lo cotidiano y lo inquietante de la normalidad hacen de Celati un escritor
de referencia en la literatura contemporánea.
bibliografía -
Extractos entrevista Me. Pe. (Livorno) -
diálogos
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