| Lydie Salvayre Lydie Salvayre es hija de padre andaluz y de madre catalana exiliados en Francia tras la guerra civil. Pasó su infancia en un pueblo cercano a Toulouse. Hablaba francés en la escuela y castellano en casa, lo que le provocaba un sentimiento de vergüenza social cuando tenía que hablar en público. Este sentimiento explica la complicada relación que la autora confiesa tener con la palabra oral. Frente a ésta, defiende la palabra escrita: “Creo que el amor del lenguaje me prohíbe a veces el uso oral del lenguaje”, afirma Lydie Salvayre en una entrevista realizada por Maïté Lapierre en Hors Press. En su escritura, Lydie mezcla distintos niveles del lenguaje, resultado de sus orígenes españoles. Considera que el francés es un idioma muy marcado por la lengua clásica, elegante, mientras que el castellano se relaciona de manera más directa y sencilla con la palabra popular. Licenciada en lenguas modernas y en medicina, ha trabajado durante varios años como psiquiatra cerca de Marsella. En 1983 se instaló en París, donde trabaja como psiquiatra infantil en centros médicos psicopedagógicos del extrarradio. Salvayre extrae de esta cotidianeidad las palabras que oye en su oficina o en la calle. Tiene una relación muy carnal con la escritura, una relación de deseo que pasa por su cuerpo. Puede afirmarse que la escritura le ha dado su apellido, ya que le permitió ganar una palabra propia, personal: “Escribir me dio la posibilitad de hablar”, explica en la misma entrevista de Hors Press. No en vano, su primera novela se titula La Déclaration. La continua preocupación por el lenguaje también se hace patente en La Conférence de Cintegabelle, novela en la que el lenguaje clásico es perturbado por las formas populares. Les Belles Âmes, novela posterior, parte de que uno no es completamente dueño de su lenguaje. Salvayre trata de devolver al lenguaje toda su violencia, de traducir en éste la violencia del mundo. No obstante, el malo y la desgracia, constantes en la obra de Lydie Salvayre, nunca son desesperados, ya que siempre nos hacen reír y pueden llegar a la libertad. La esperanza se sitúa en la capacidad de conquistar una lengua para exprimir el sufrimiento y la marginalidad. La compagnie des spectres, Prix Novembre 1997, trata de la locura y de la rebelión de una madre, cuyo hijo fue asesinado por la milicia de Vichy en 1943, que no puede evitar transmitir la rebelión y la locura a su hija. Como transmitir el peso del pasado, como impedir que nuestros hijos se tapen los oídos, son preguntas que subyacen en la novela y le dan un carácter político, lo que no significa que para Salvayre la literatura tenga una función política: la literatura es un lujo, sólo es literatura, afirma Lydie. Sin embargo, aunque la literatura no pueda cambiar la violencia que existe en la sociedad, permite de construir personalidades que se indignen, que se rebelen. A diferencia de los medios de comunicación, que no pueden despertarnos porque tratan con el poder, la literatura aún puede decir No. A lo largo de toda su obra están presentes la violencia y la sociedad
actual. El cinismo, la ironía y el humor se convierten en armas
para denunciar la “dénégation” (término
de Freud) de sus conciudadanos, es decir, la facultad de no ver los problemas
sociales que son muy visibles, de no escuchar a los que gritan. |