La mirada simultánea Los dos encuentros celebrados hasta ahora en Livorno (Italia, enero 2003) y en Bilbao (febrero 2004) han revelado un interés atípico sobre el que nos estamos interrogando para asumir, en el contexto específico de Euskal Herria, nuevos instrumentos de trabajo, así como para sedimentar las complicidades que se han ido manifestando a lo largo de este espacio-tiempo periférico. Nuestro trabajo parte de dos conceptos que nos pertenecen como seres en este mundo, vaciados y simplificados en el circuito de las políticas culturales posmodernas: periferia y memoria. Quizá sería pertinente agregar otro concepto más: el de la experiencia. Consideramos que la periferia es, sobre todo, una forma de estar en el mundo, es un punto de vista y a la vez una mirada. Según su origen griego, la periferia se refiere a una mirada que rodea las cosas, que transita a través de ellas sin llegar a identificarse totalmente con ninguna. Exige estar en todas las cosas, y en ninguna, de manera simultánea, intenta ser una experiencia que vincula y condensa diferentes realidades percibiendo las distintas situaciones. La mirada periférica es por naturaleza heterogénea y plural y, por lo mismo, no se evade o disimula ante las diferencias, conflictos y confrontaciones. Está aunque su ser pueda molestar, pero su posición no es estática. La periferia nunca se detiene ni se encarna en formas expresivas, sociales o políticas cerradas sobre sí mismas, únicas o eternas. Es por definición experimento, experiencia de un posible: percibe críticamente la experiencia sin hacer negocio con y a través de ella. Periferia significa crítica en su sentido más pleno. Al negarnos coincidir con los discursos y formas clausuradas (éticas, estéticas, políticas, científicas) ni con la anestésica lógica del consumo cultural, nos negamos también a ver nuestras historias como destinos aislados, cerrados por sus propias circunstancias. Miramos hacia las multiplicidades de historias que transitan la Historia oficial: las historias borradas que pueblan el vivir cotidiano. Y buscamos su visibilidad, esto es, trabajamos en redes para que encuentren posibilidades reales de ser comunicadas, compartidas, en una palabra, re-presentadas. La memoria como rescate Un rescate en los juegos de verdades que cada día hacen y deshacen nuestro presente. Lo que sabemos es que: “la verdad es inseparable del proceso que la establece” . Se trata, pues, de rescatar estas múltiples historias, las cotidianas y las excepcionales, las que no llegaron o ni se plantearon llegar a ser historia, y las que quizá algún día lo serán: nuestras memorias periféricas. Nuestro trabajo se sitúa fuera de la necesidad de producir una verdad, ya que preferimos cuestionarlas todas. Hundirse en este presente, espacio-tiempo de malestares compartidos y volver a ser una verdad más: kamikazear la verdad, intentar hacer opacas todas aquellas que se presentan como oficiales y legítimas. Un ejemplo muy cercano: la pérdida es algo que vivimos cada día en las calles de Bilbao, en sus rápidas, demasiado rápidas, transformaciones sociales, paisajísticas y urbanísticas. Vemos que al perderse ciertos espacios urbanos, se pierde también un tiempo ligado a ellos. El tiempo de la experiencia de sus habitantes, memorias que son olvidadas o substituidas por un recuerdo único: el de la transformación. Cuestionamos las verdades de la transformación... Transformarse, ¿pero hacia donde? Zergatik? Y ante una visible proliferación de los márgenes creemos que una cultura crítica debe intentar conectar la complejidad de las culturas al margen de un mundo hecho de capitales y guerras. Precisamente por esto, tiene sentido subrayar todos los actos de la programación de Periferiak, sin destacar una mesa respecto a otra, sin jugar con los nombres más o meno famosos de los autores que participan. Revindicar el derecho a que una cultura que nosotros definimos periférica, al margen pero no marginal, tenga que ser sostenida por el dinero público para recuperar espacios propios de visibilidad. El discurso sobre la marginalidad nos envuelve y por ello nos obliga a su formulación respecto a las culturas alternativas, mestizas y de vanguardia. Los intersticios, los resquicios de resistencia y de antagonismo se hacen imprescindibles y neurálgicos para hablar de la mundialización de la economía y de los sistemas comunicativos. Esto nos lleva a enfrentarnos a la homogeneidad desde estos bolsillos de conocimiento que nos atraviesan. Todos los autores y pensadores invitados a lo largo de las dos ediciones, han mostrado de una u otra forma la tensión entre la imposibilidad de olvidar y la necesidad de un olvidar creador, que libere al ser humano de la pesada carga de una historia colonizada por el discurso único. La obra de John Berger –autor que con su sí hizo posible la edición de Livorno— es un ejemplo indispensable de reflexión sobre el tiempo y la muerte. En sus estremecedoras Doce tesis sobre la economía de los muertos , aplica lo que podemos llamar una hermenéutica funeraria: “¿Cómo viven los vivos con los muertos? Mientras el capitalismo no deshumanizó la sociedad, todos los vivos esperaban alcanzar la experiencia de los muertos. Era su futuro último. Por sí mismos, eran incompletos. Así vivos y muertos eran interdependientes. Siempre. Sólo una forma tan peculiar de egoísmo como la de hoy en día podría romper esa interdependencia. Y los resultados han sido desastrosos para los vivos, que ahora creen que los muertos han desaparecido”. El novelista y ensayista británico inmerge las cosas a la mirada de los muertos, como forma de de-construcción simbólica. Pero su escritura no sigue a la muerte, trabaja sobre el tiempo de la vida para afirmar la plena solidaridad entre vivos y muertos cada vez que, ante una opresión, una injusticia o un desprecio, lo humano se ve amenazado. La escritura de Berger rescata un sentido póstumo en la experiencia vivida y nos acerca a la experiencia de la memoria como un ahora. Zentzu- zubiak La obra de John Berger y un sí que hizo posible la edición de Livorno explican el binomio de situaciones y de encuentro que plantearemos para la edición de este año (del 25 de abril al 1 de mayo en Bilbao y 16-17 de mayo 31-2 de junio en Arteleku, Donosti). JØrgen Leth, Antonio Méndez, Dora Salazar, Teresa del Valle, Joaquín Jordá, Philippe Bourgeois, Giovanni Arrighi, Belén Gopegui y Santiago López Petit, entre otros autores, nos acercarán a sus Modos de ver y a sus Formas de narrar, a través de diálogos y encuentros que se irán celebrando con ellos a lo largo de las fechas indicadas. Asismimo, la programación paralela de Zubiak (que este año incluirá acciones en los puentes de Bilbao documentales, música y teatro), atraviesa todo lo explicado hasta ahora. Puentes entre la noche y el día, pero, sobre todo, entre dos márgenes inalcanzables, el virtuosismo de la creación y la negación de la homogeneidad. Bilbao y Donosti volverán a ser nuestros laboratorios. La periferia y la memoria, siempre presentes, se articularán con los modos de ver y las formas de narrar de los autores invitados para ir configurando una experiencia en la que las historias de cada invitado se desterritorializarán y se fragmentarán en distintos lugares y donde los lugares reterritorializarán sus historias, compartiendo unas memorias que creemos colectivas. No hay que exceder en las ilusiones, ya que un laboratorio que sea espacio de pensamiento y participación directa, atravesado constantemente por el pensamiento y por la poesía, en su sentido más amplio, se sitúa en un universo de precariedad. Paolo Virno se despidió de la pasada edición Periferiak aclarando, una vez más, nuestro presente, en el que estamos acosados por “las nuevas formas del trabajo social e intelectual, la migración planetaria, los mecanismos de un sistema que administra la vida de los individuos con sofisticadas y sutiles formas de control, que utiliza la guerra como forma de acción política y que promueve una sacralización del poder asociada a los binomios seguridad/inseguridad, certeza/miedo, consumo/angustia”. Rizar complicidades Si seguimos la afirmación de Aristóteles de que el ser humano es un animal político debido a su capacidad de poseer un lenguaje, de construir una comunidad de sentido, no es extraño que la política como rasgo definitorio de lo humano se encarne en una realidad espacio-temporal como la polis griega. No sólo se ha fragmentado y puesto en cuestión el sentido de lo político, sino que también se ha visto minada la institución fundacional (el espacio mismo) de lo político, una transformación que va de la polis a la metro-polis: “Nos encontramos frente a la improvista revelación de un espacio critico que surge de la compresión temporal, una contracción telúrica del espacio-tiempo de las actividades interactivas de la humanidad, en una época de globalización económica, política y militar. De ahí, entonces, la cuestión capital de la inversión de las nociones de interno y externo, que es la consecuencia topológica de la crisis de las dimensiones: dimensiones a la vez geométricas y geográficas. Consecuencias catastróficas que marcan hoy el declive de la Geopolítica de las naciones hacia una Metropolítica administrativa y restrictiva en materia de población humana”. Ante esta metamorfosis que describe Paul Virilo las respuestas múltiples que el presente elabora no nos convencen: la crisis de lo político encuentra sus orígenes y sus límites en la diáspora de lenguajes que han reducido, deshaciéndolos, los espacios de discusión y de socialización. De ahí la propuesta que haremos en junio en Arteleku: “El devenir territorio en una economía- mundo: democracias de guerra en la crisis del Estado- nación”. Periferiak es observatorio abierto: nuestro devenir no pretende ni quiere reducir la distancia que creemos necesaria entre las multiplicidades heterogéneas y los dispositivos de poder que intentan descifrarlas. Es un intento de activar canales de reflexión sobre el proceso de multiplicación de periferias del que nosotros mismos somos ya un engranaje. Destacar, finalmente, la importancia de las complicidades que se van rizando y la ausencia de un ágora público que permita acoger y desarrollar sus propuestas. Frente a la plaza controlada, preferimos el puente: contacto entre márgenes, complicidad, acto de una voluntad compartida como gesto de complicidades nómadas. Permitiéndonos modificar levemente lo que dijo Cortázar, un puente es un-a hombre- mujer cruzando un puente. Cámbiese puente por periferia y todo se convierte en un punto de fuga incesante, necesario para el cuestionamiento continuo de la propia realidad. No sabemos si, como en el cuadro Multitud en la calle de John Davies, habrá llegado el momento de convertirnos en presencias y/o en sombras que gritan no necesariamente en silencio. Entretanto, cuaderno mental en mano, seguimos tomando notas por puentes, puertos y ciudades.
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