Angela Y. Davis Extracto de En el pico del águila de Mireia Sentís (Ediciones Árdora, 1998). ¿A qué atribuye el hecho de que este país se esté desplazando políticamente hacia la derecha? En parte, al desmoronamiento del sistema socialista. Por problemáticos que los gobiernos socialistas hayan sido, especialmente en Europa del Este, proporcionaban al menos una alternativa al capitalismo. La desaparición de esa posibilidad ha provocado tal convergencia entre liberales y conservadores, que en muchos casos no pueden detectarse diferencias entre unos y otros. ¿De qué forma ha influido la caída del comunismo en su orientación marxista? Nos ha influido a todos. Pero quisiera señalar que Cuba sigue intentando mantener su pasado socialista y que, a pesar de los esfuerzos de los Estados Unidos por aislarla económicamente, continúa fiel a su compromiso con el socialismo. Sin embargo, hay mucho descontento en la propia Cuba. El país alcanzó un punto muy bajo hacia 1994, pero ahora las cosas van mejor. Intentan encontrar una salida con la apertura de la economía al turismo, aunque se encontrarán con otra serie de problemas. Pero, creo que , para quienes nos llamamos socialistas o comunistas, es importante apoyar a Cuba. Al hablar del racismo a finales del siglo XX, tenemos que incluir en nuestro análisis la transformación global del capitalismo. De no ser así, avanzaremos en bloque hacia el conservadurismo, como ha ocurrido con Louis Farrakhan, cuya política responde a la idea de un capitalismo negro. Aconseja crear pequeños negocios en las comunidades negras, igual que hizo Richard Nixon en su época. Por eso creo que es importante mantener vivas las críticas al capitalismo. ¿Cómo explica la paradoja de que en un país donde, como usted dice, no existe gran diferencia entre conservadores y liberales, se constate la presencia en las universidades de tantos profesores radicales, entre ellos, Angela Y. Davis? A lo largo de la historia, se ha formulado a menudo la disyuntiva de que, o bien se está dentro del sistema, o bien fuera de él. Y el caso es que nunca hemos estado del todo fuera. Si no trabajáramos en las universidades, trabajaríamos en alguna otra parte, porque es importante saber crear plataformas para la lucha. A parte de esto los profesores con ideas diferentes a las del stablishment encuentran enormes dificultades. Algunos de nosotros hemos obtenido una cátedra, y por tanto, una posición segura, pero la gran mayoría se esfuerzan durante años y años sin lograrlo. Otorgar cátedras es también, por supuesto, una manera de vigilar, es decir, de silenciar a los que mantienen posiciones verdaderamente radicales. Llevar adelante un programa radical siempre constituyó, y sigue constituyendo, una gran lucha. |