Joaquín Jordá (Extracto de la entrevista realizada en Memorie Periferiche, Livorno, a finales de enero del 2003 e incluida en la publicación Begiradak miradas y memorias desde el margen co-editado por periferike y el Centro de Cultura Koldo Mitxelena).
P: ¿Por qué has decidido detener tu mirada en el tema de la pederastia?
R: Vivo en un barrio determinado, que ahora tiene el nombre más o menos artificial del Raval, y que sigue siendo conocido en Barcelona como el barrio chino. El barrio chino fue durante muchos años un lugar básicamente centrado en la prostitución y, de manera colateral, ha sido una especie de barrio refugio de la pequeña delincuencia. Y ha sido el barrio donde vivió Jean Genet cuando todavía no era ni un famoso novelista, ni el condenado a muerte que luego fue. Ahí situó su maravillosa novela Diario de un ladrón. Siempre ha sido el barrio de la prostitución y el barrio de la mala vida. Como dice justamente uno de los protagonistas de la película, el barrio de la mala vida era un barrio segurísimo para el viajero, para el transeúnte, porque si la gente iba allí para follar era evidente que no podía follar si le robaban la cartera. Con lo cual, las fuerzas vivas del lugar se encargaban de que allí no ocurriera nada. Pasa un tiempo, el negocio se iba a la mierda. Es la misma idea que sale en la ópera de Brecht, en la obra de Cuatro centavos: cuando en un lugar hay que vivir, en ese lugar no se puede robar. No puedes atraer más la atención de la policía, que bastante cargado está ya. Con el tiempo este barrio, que por tener estas características se convierte en el barrio donde el suelo más barato de Barcelona y es de los pocos barrios que permite una reorganización urbanística, evidentemente de tipo capitalista. En Barcelona es imposible reedificar en los barrios altos, en los barrios de la burguesía porque el suelo es inalcanzable. Sin embargo en el barrio donde vive el proletariado, este subproletariado o el lumpenproletariat, por emplear palabras más clásicas, el suelo es más accesible. Accesible en el doble sentido de la palabra: el suelo es un suelo que se puede comprar, y aquí empiezan las grandes manipulaciones. Algo que podría ocurrir en las partes altas de la ciudad, me estoy referiendo a conductas sexuales llamadas aberrantes, los propios barrios altos se encargarían de que no fuera transparente. En un barrio bajo, en un barrio así, ya canalla por definición, pasa justo lo contrario. La vida no es más agitada en un barrio como el Raval, lo que pasa es que la miseria y la pobreza son muy transparentes, no admiten disimulos. P: ¿Cómo se inicia la película? R: El tema de la película nace por dos motivos: porque vivo en el Raval desde hace unos cuatro o cinco años, desde que dejé Madrid y regresé a Barcelona. Por otro lado, al poco tiempo apareció un libro de Arcadi Espada sobre el caso Raval, Del amor a los niños, y pensé que éste podría ser un espacio, y al mismo tiempo un tema. Arcadi Espada y yo entendimos que no pensábamos lo mismo sobre el caso Raval. Estamos deacuerdo en los hechos, pero no en la interpretación de los hechos: por qué esto ocurre y por qué en un determinado momento. Arcadi Espada lo atribuye, básicamente, a factores como la maldad, intereses locales, peleas, discordias, enemistades locales y a la estupidez en general y concreta de los medios de comunicación. Son factores determinantes en el desarrollo del llamado caso Raval, pero existe también una utilización por parte de los poderes públicos. Aireando, propagando esta historia, se intentan acallar las protestas de los vecinos, que son muchas, y no me refiero a la cantidad, si no a la aparatosidad. El Ayuntamiento nunca hace caso a las protestas de los vecinos, pero aquí aprovecha para divulgar el caso, convencer, de una manera muy sutil de que ha sucedido algo terrible. Su tesis es la siguiente: ¿Qué es lo peor que se puede hacer ahora en el mundo? El pecado, el crimen más horrible: algo que afecta a los niños. Todo es tocable, menos la infancia, que es intocable. Si se demuestra que en un barrio ha estado ocurriendo la violación sistemática de muchos niños y el ocultamiento sistemático de este hecho, por el barrio, la tentación implícita del no escándalo, simplemente el hecho de ocultarlo todo, significa que este barrio está podrido. Como todo está podrido hay que intervenir, y cómo se interviene, pues cortando diez manzanas. Hay que entrar a saco en este barrio y limpiarlo: quitar los pozos de oscuridad donde ocurren esas cosas terribles. Lo que cuenta K.O.´s [título provisional del documental cuando se realizó esta entrevista y que al estrenarse unos meses después se llamó De niños] no es tanto el caos, sino el K.O. del boxeador. Todos acaban fatal, no se salva nadie, y al mismo tiempo todo es un caos. |